de Ramón Sampedro
Cartas desde el Infierno, España, 1996

Cuando me habló, estaba triste;
me preguntó la causa de mi tristeza.
Mujer, la causa de mi mal siempre es la misma:
que yo adoro lo bello y tú eres la belleza.

A menudo yo soy como el Quijote:
te idealizo dueña de mi locura
pero no se me olvida nunca que es sólo sueño.
La causa de mi mal, ¡ya ves!, es la cordura.

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